Chloé Bakalar, responsable de ética de OpenAI, dejó la compañía el mes pasado sin anunciarlo. Se incorporó en agosto de 2025, de modo que su paso por la empresa duró menos de un año. La salida la desveló Financial Times, y en el momento de publicarse la noticia su perfil de LinkedIn seguía mostrando el cargo.
Venía de Meta, donde había sido responsable de ética durante siete años y donde desarrolló los programas de ética de inteligencia artificial de la compañía, integrándolos en servicios como Instagram y Facebook. Dentro de OpenAI trabajaba sobre los enfoques éticos en el desarrollo de modelos de lenguaje, la interacción entre personas y sistemas, y el debate sobre la consciencia artificial.
El dato que convierte esto en algo más que un cambio de empleo es que era la única especialista en ética de la compañía.
Las dos versiones de lo que significa
OpenAI respondió a través de un portavoz: «Agradecemos las aportaciones de Chloé; la ética de la IA no recae en una sola persona o equipo dentro de OpenAI y las consideraciones éticas están muy integradas en el proceso de creación de modelos, impulsado por varios equipos de investigación».
La propia Bakalar había defendido esa misma idea en público. En una conferencia sobre inteligencia artificial dijo: «La ética es, en realidad, responsabilidad de todos, y lo digo como alguien cuyo trabajo consiste en liderar esta labor. No debería limitarse a acudir a personas como yo; nunca debería haber una sola persona que actúe como centro moral de un desarrollador de IA».
Las dos afirmaciones son razonables por separado y difíciles de sostener a la vez. Si la ética está distribuida entre varios equipos, la marcha de una persona no debería notarse. Si esa persona era la única especialista, la función estaba concentrada en ella. La organización no puede describirse simultáneamente de las dos maneras.
No es una salida aislada
La marcha se suma a otras recientes en la misma compañía: Johannes Heidecke, responsable de sistemas de seguridad, y Joshua Achiam, que ocupaba el puesto de responsable de prospectiva y anteriormente el de alineación con la misión.
El contexto societario importa. La conversión de OpenAI en una estructura con ánimo de lucro ya supuso un alejamiento del planteamiento con el que nació, y sus planes de salida a bolsa introducen una presión adicional sobre cualquier función que no genere ingresos.
Conviene señalar, para no construir un relato de buenos y malos, que la situación en el sector no es exclusiva de una empresa. Anthropic, su principal competidora, también vio cuestionada su posición tras recortar a principios de año algunos de sus compromisos en materia de seguridad, si bien mantiene un equipo dedicado al alineamiento dirigido por la filósofa Amanda Askell.
Qué se lleva de aquí una empresa que compra IA
Para las organizaciones que integran modelos de terceros en sus procesos, esto tiene tres lecturas prácticas.
La primera es de diligencia previa. Cuando se evalúa a un proveedor de modelos, las políticas publicadas pesan menos que la estructura que las sostiene. Preguntar cuántas personas trabajan a tiempo completo en esa función, a quién reportan y si tienen capacidad de detener un lanzamiento dice más que cualquier documento de principios.
La segunda es contractual. Los compromisos que importan son los que están en el contrato y en los acuerdos de nivel de servicio. Un compromiso ético publicado en una web se modifica sin avisar a nadie; una cláusula, no.
Y la tercera es de diseño interno. Si una empresa del tamaño de OpenAI tenía esa función concentrada en una sola persona, conviene revisar si en la propia organización ocurre lo mismo con la supervisión de los sistemas automatizados. La pregunta no es si existe un responsable, sino qué pasa el día que ese responsable se va.
Fuente: La Vanguardia, a partir de la información de Financial Times.
