
El presidente chino, Xi Jinping, pronunció el 17 de julio en Shanghái el discurso inaugural de la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial 2026 y de la Reunión de Alto Nivel sobre Gobernanza Global de la IA. Más allá del acto protocolario, el mensaje tuvo un objetivo claro: situar a China como impulsora de un marco internacional para gobernar la inteligencia artificial, con un guiño explícito a los países en desarrollo. Para cualquier empresa que dependa de esta tecnología, conviene entender qué se propuso y por qué.
Cuatro principios para el desarrollo de la IA
El discurso articuló una propuesta de gobernanza en torno a cuatro ideas. La primera, apertura e innovación: fomentar la colaboración, el desarrollo de código abierto y la aplicación transversal de la IA en distintos sectores. La segunda, seguridad y control: dotarse de marcos legales y sistemas de supervisión que prevengan el uso indebido y mantengan la supervisión humana sobre los sistemas.
La tercera, inclusión y diálogo cultural: preservar la diversidad de civilizaciones y usar la IA para reforzar el entendimiento mutuo, en lugar de acentuar las brechas. Y la cuarta, cooperación internacional: practicar el multilateralismo y reforzar el papel de Naciones Unidas en la gobernanza de la tecnología. Es una lectura que contrapone la coordinación multilateral al dominio de la IA por parte de un único país.
WAICO: una nueva organización con sede en Shanghái

El anuncio con más recorrido fue la creación de una Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO, por sus siglas en inglés), con sede en Shanghái. La iniciativa busca convertirse en un foro estable de coordinación técnica y normativa, y llega en un momento en el que la gobernanza de la IA está fragmentada entre bloques con enfoques distintos: el europeo, centrado en la regulación por niveles de riesgo; el estadounidense, más orientado al mercado; y ahora una propuesta liderada por China con vocación de puente hacia los países emergentes.
Formación para el Sur Global y centros de aplicación
La parte más concreta del discurso se dirigió a los países en desarrollo. Xi anunció un compromiso a cinco años para ofrecer 5.000 oportunidades de formación en IA a naciones en vías de desarrollo, así como la creación de centros internacionales de aplicación de la IA junto a organizaciones regionales como la ASEAN, la Liga Árabe o la Unión Africana. También se mencionó el despliegue del sistema de alerta meteorológica basado en IA MAZU en 30 países.
El hilo conductor es reducir la brecha digital: presentar la IA como una tecnología al servicio de “la humanidad” y de un desarrollo más equitativo, en contraste con un escenario en el que solo unas pocas economías capturan sus beneficios.
Qué implica para las empresas
Para directivos y responsables de innovación, la señal relevante no es tanto geopolítica como estructural: la gobernanza de la IA se está fragmentando en bloques. Una organización con sede en Shanghái, el Reglamento europeo de IA y los marcos estadounidenses coexistirán con criterios que no siempre serán compatibles. Para las empresas que operan en varios mercados, esto anticipa un escenario de cumplimiento múltiple, parecido al que ya vivimos con la protección de datos.
Hay tres lecturas prácticas. Primera, el código abierto gana peso como terreno de competencia y de influencia; conviene seguir de cerca los modelos abiertos, porque marcarán buena parte de la adopción en mercados emergentes. Segunda, el Sur Global deja de ser un espectador: para empresas con presencia en Latinoamérica, África o Sudeste Asiático, la formación y los centros de aplicación anunciados pueden alterar el mapa de talento y de proveedores. Y tercera, la trazabilidad y la gobernanza interna de los sistemas de IA dejan de ser opcionales: quien no sepa documentar cómo decide su IA lo tendrá difícil bajo cualquiera de los marcos.
Conclusión
El discurso de Shanghái confirma que 2026 es el año en el que la gobernanza de la IA pasa de la teoría a las instituciones. Independientemente de la lectura política, la consecuencia para las organizaciones es concreta: preparar sus proyectos de IA para un mundo multipolar en lo normativo. Nuestra recomendación es sencilla: no esperar a que un marco se imponga sobre los demás, sino construir desde ya prácticas de gobernanza —documentación, supervisión humana y control de datos— que resistan en cualquiera de ellos.
